No tengo nada en contra del hijo único… En realidad cada hijo es único e irrepetible lo que ocurre es que algunos repetimos y acabamos teniendo hasta tres o cuatro hijos únicos, algo que se podrá considerar vicio y según otros, una prueba de temeridad e inconsciencia.

Si Einstein hubiese tenido tres hijos, en lugar de dos, además de la teoría de la relatividad podría haber popularizado el Teorema de Nikon, según el cual al primer hijo le harás tantas fotos en el primer mes como al segundo hijo en su primer año, y como al tercero en toda su vida. Las cámaras digitales han modificado un poco estas proporciones. Cuando había que pagar el revelado, los terceros de la familia solo tenían fotos de cuando iban a casa de algún primo (siempre que este fuese hijo único, claro).

La ciencia de la paternidad nos depara otras perlas. El teorema de Windows, por ejemplo, reza que cuando llega un tercer hijo a la casa, porque no tendrá ventana a su lado cuando vaya en coche. Puede parecer una tontería, pero cuando intentas distraer a un niño impaciente y no puedes mandarle leer matriculas de otros coches o descubrir si hay alguna vaca o caballo en los campos, un viaje de diez kilómetros se convierte en una eternidad.
Pero lo que más se puede comprobar de forma empírica, algo que cae sobre nosotros como la ley de la gravedad, es que cuando te conviertes en padre, tu vida se convierte en patrimonio público de la humanidad.

Y todo el mundo se atreverá a opinar sobre su futuro. Anuncias el embarazo y te preguntan: ¿lo buscabais? Esta pregunta trampa, que no debe ser respondida jamás en negativo, ya que podría acarrear traumas al niño si el vecino se ocupa de comunicarle más adelante que él en realidad fue un “fallo”. También se te obsequia con interrogatorios bastante íntimos sobre tu vida sexual, y en la típica conversación de ascensor en la que antes te hablaban del tiempo, ahora la vecina pretende que le confieses cuánto tiempo has tardado en consumar el embarazo. Ya solo faltaría que te preguntasen sobre detalles como la postura.

Tras el primer bebé, empieza la campaña popular, ¿Qué, a por la parejita? Si el segundo repite sexo, tu entorno se pone de acuerdo: ¿y no os gustaría probar a ver si os llega una niña? Si tienes gemelos, nadie se corta un pelo señalándolos con el dedo, o compadeciendo a los padres, aunque ellos estén la mar de felices.

La única especie a la que parientes y vecinos dejan en paz es la pareja que tiene dos hijos, y son niño y niña. Se les considera paradigma de la normalidad, del éxito, y simplemente se les felicita y se les envidia a partes iguales. A no ser que decidan ir a por el tercero. En este caso ya no les preguntarían si lo buscaban. Daría por hecho que no, y con una sonrisa pícara les dirían: “¿menudo patinazo, no?”

REVISTA CON NIÑOS 09/02/2008