Vamos fatal en lógica. Y se está extendiendo la idea falsa de que los estudios superiores ya no sirven. Empezó antes de la crisis, y ahora se acentúa. Si los que estudian para ser abogado no pueden trabajar de abogado, ¿qué sentido tiene que hayan estudiado eso? Es más, si incluso trabajar de abogado no garantiza tener el sueldo de abogado de los buenos tiempos, ¿a qué jugamos? Pues resulta que no tener estudios terciarios (una carrera universitaria o una FP superior) es un factor de vulnerabilidad social altísimo. Es, prácticamente, garantía de subir en un ascensor social de terror que baja en caída libre y sin frenos. Haber estudiado no garantiza que subas, pero amortigua la caída. Da una base suficiente para una necesidad de presente y de futuro: la formación continua. Las herramientas mentales y sociales para reciclarse y emprender nuevos caminos. La visión de los estudios que permiten a una generación subir uno o dos peldaños por encima que sus padres ya es historia. En parte gracias al éxito de algunas generaciones que subieron a este montacargas social que hizo crecer a la clase media. Hoy más que nunca, el factor clave que enseña a sobrevivir dentro de un ascensor peligrosamente acelerado es, naturalmente, la educación. Invertir en educación es salvar la meritocracia. Los que menos pierden estatus y renta tienen formación terciaria. Conviene que lo vayamos repitiendo desde el punto de vista práctico y desde el punto de vista humano: la formación nos enriquece personalmente. No encontraremos un trabajo para toda la vida, pero nos formaremos para tener una vida mejor. Y si alguien duda del valor de estudiar es que no ha estudiado lo suficiente.

DIARI ARA 18/01/2013