En pocos lugares aprendes tanto y tan deprisa sobre la vida como en urgencias. Lástima que el requisito sea tener que ser parte implicada. Si no fuera por este detalle tan molesto, ir sería incluso recomendable. Aprendes que, aunque el nombre presuponga velocidad, en urgencias lo primero que tienes que ejercitar es la paciencia. La única manera de no tener que hacer tres horas de cola es que tu caso sea el más grave de todos. Y no es una opción muy deseada. Esperar es, literalmente, un mal menor: quiere decir que allí hay males…